Queridos amigos:
     Este artículo es digno que lo reflexionemos y meditemos, os lo presento con alegría.
 
Rvdo. P. Francisco Javier Alaminos Pérez
«JUGANDO CON EL AMOR Y LA VIDA»
     En un momento de crisis económica y social, que revela una más profunda crisis ética, hay que valorar con toda responsabilidad la toma de decisiones. En España se ha informado oficialmente que en el año 2008 se produjeron 112.138 abortos. En 6273 casos, las protagonistas de esta decisión fueron muchachas menores de 18 años. Es necesario tener en cuenta que más de 10.600 menores de edad habían quedado embarazadas. Hay quien ha calculado, que unas 20 adolescentes abortaron cada día.
     A todas luces, estas cifras son escandalosas. Una sociedad en la que se dan estas situaciones es una sociedad inmoral. Y más inmoral todavía si no le preocupa la situación.
     La sexualidad humana no es un fenómeno puramente biológico. Es un lenguaje, cargado de mensajes y significado. Pero a lo largo del último medio siglo se ha ido desvinculando la sexualidad de las realidades en las que encuentra sentido y se la ha convertido en fin en sí misma. Se comenzó por desvincularla del matrimonio. No hacía falta casarse para practicar el sexo. Bastaba con amarse. Después se la separó de la procreación. Se podía practicar el seño y evitar los hijos. El amor de la pareja no tenía que proyectarse necesariamente en los hijos.
     Finalmente, se ha desconectado la sexualidad del amor. Se dice que el amor comprende a la persona, mientras que el seño ocasional y descomprometido favorece la creatividad y el disfrute del cuerpo.
     Todo eso se ha dicho y se ha hecho en estos años. Y a muchos les ha parecido el mayor signo de libertad y del progreso. Era el aprobado de la “asignatura pendiente”.
     Pero la operación no ha salido gratis. Esas ideas han favorecido la promiscuidad sexual y, a la larga, han aumentado los embarazos precoces. Y los abortos. Es una pena que ni a los políticos ni a los medios de comunicación les preocupen la soledad y las lágrimas vertidas por quienes han jugado con el amor y con la vida.
     Se puede discutir si los responsables de la sanidad pública están alarmados, tratan de hacer demagogia o ceder a presiones que dejan por el camino muy pingües beneficios. Han pretendido poner remedio ofreciendo preservativos. Con esa fácil publicidad se ha favorecido la promiscuidad y la frivolidad en las relaciones sexuales. Como no bastaba el remedio, era preciso dar un paso más. La oferta masiva de la píldora del día después evitará los abortos quirúrgicos. Pero favorecerá los abortos clandestinos. Los efectos malvados de la decisión son tremendos. Habrá que reflexionar sobre ellos más despacio.
     Ahora basta observar cómo la falta de formación ética trata de paliarse por medio de instrumentos técnicos. Pero la entrega de información y de instrumentos es contraproducente cuando se esquiva la educación de los valores morales. Así no se ayuda a la persona a crecer como tal ni se propicia una sociedad sana y responsable. Evidentemente no hay de qué felicitarse.
 
José Román Flecha Andrés

Catedrático en Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.

(Artículo extraído de la Revista ECCLESIA en su edición 3.473 – 4 de Julio de 2009)