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DOMINGO DE RESURRECCIÓN

¡Vio y creyó!

¡Qué alegría más grande! Jesús, pasado el susto del primer momento al no encontrarte en tu sepulcro, la alegría me invade, el entusiasmo se ha apoderado de nosotros: ¡has RESUCITADO! ¿Por qué seguimos empeñado en buscarte entre los muertos si vives?

Esta mañana debe ser la primera mañana de nuestra nueva vida, una vida basada y fundamentada en el amor a ti y al prójimo; una nueva vida fundamentada en tu Palabra, en la experiencia vivida a lo largo de esta semana en la que nos has vuelto a demostrar que eres un hombre de promesas cumplidas, que no nos engañas, ni nos mientes, que no nos dejas solos a nuestra suerte, que somos tan importantes para ti que no te importa abrazar la cruz con tal de que nosotros muramos al pecado y resucitemos a la Vida Eterna, a esa Vida Eterna que hoy nos regalas, que hoy nos vuelves a poner delante de nosotros, en nuestras manos.

Comienzan cincuenta días de fiesta para los cristianos. Cincuenta días de la fiesta más importante para todos los que creemos en ti, cincuenta días para convertir nuestra vida en una Pascua perenne, permanente que nos permita vivir según tu Palabra.

Vivir la Pascua no es circunscribirla a estos cincuenta días, no es estar alegres, sin más; no es recordar que resucitaste. Celebrar la Pascua es convertir todos los días del año en días llenos de alegría y esperanza. Convertirlos en nuevas oportunidades para amar a los demás como tú nos has vuelto a demostrar a lo largo de estos días. Celebrar la Pascua es no dar rodeos para no afrontar los viernes santos de nuestra vida, las cruces que el devenir de los días nos va presentando en nuestro largo caminar. Celebrar la Pascua es sentir tu presencia gloriosa en nuestra vida, una presencia que lo que busca es nuestra libertad, paz y alegría; ¡nuestra SALVACIÓN!

Sin viernes santo no podríamos haber llegado hasta el día de hoy pero tenemos que recordar que tú eres más que el viernes santo, tú trasciendes la cruz, el pecado y el mal; tú nos has devuelto la vida.

Ojalá que nosotros, que queremos ser esos otros “cristos” dadores de vida en medio de nuestro mundo, seamos capaces de hacer resucitar a nuestros hermanos que andan perdidos, que andan “entre los muertos” a causa de sus penas, dolores, adicciones, pobrezas, limitaciones… Ojalá que nuestro único afán sea devolver la alegría a cuantos nos rodean y viven a nuestro lado. Que seamos reflejo de esta resurrección tuya que hoy alegra nuestros corazones.

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡ALELUYA, ALELUYA!

¡Feliz Pascua de Resurrección!

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