Para conocer los antecedentes que originaron la fundación de la Cofradía del Silencio nos remontaremos al año 1917, año en el que se fundó la albaycinera cofradía del Via Crucis, decana de las de Granada. Cuando el entonces Párroco de San José, D. Ángel Guevara Horcas, piensa que no sería mala cosa que hubiera en su Iglesia una cofradía de Semana Santa, como esa otra del Via Crucis de la vecina parroquia de El Salvador; imágenes para patrón  titular no le faltaban ciertamente en sus altares y más, teniendo como tenía, un Jesús muerto en la Cruz, el que tanta devoción despertaba, no solo entre su feligresía, sino de tantísimos como de abajo subían la cuesta para rezar a sus plantas.
     Pronto aquella idea del párroco encontró eco en la persona de D. José Domínguez Nieto, alma y motor de una simpática peña del viejo Café Colón, en donde pasaba sus horas de asueto, departiendo con sus amigos de muy acendrado granadinismo, compañeros en su mayoría de la delegación de Hacienda. Pasado el tiempo, aquella peña de amigos del café Colón, buscando más independencia e intimidad, encontró en una pequeña habitación de un primer piso, con balcón a la calle Reyes Católicos, el lugar en donde reunirse y pasar un rato agradable, que por sus menguadas dimensiones vino a llamarse el cuartillo.
     Sabiendo de la amistad entre el Padre Guevara y Domínguez Nieto, y bien en «el cuartillo» o fuera de él, conociendo el cura de la religiosidad de su buen amigo le hizo partícipe de su idea de fundar una Cofradía, proyecto que el de Hacienda no solo compartió sino para el que se apresuró a buscar prosélitos, principalmente entre sus compañeros de la delegación y contertulios del famoso cuartillo, gentes todas ellas de profunda religiosidad, amantes de la tradición y del arte y de un granadinismo a toda prueba.
     Ese fue el grupo fundacional al que bien pronto se unió un amplio sector de gentes de muy heterogénea condición social: pintores, dibujantes, artistas de toda clase, catedráticos, médicos, militares, funcionarios, empresarios, empleados, artesanos y obreros del propio barrio de San José, quienes unidos por el nexo común del sentimiento religioso y de su cariño por la ciudad de Granada trabajaron unidos e incansables hasta ver convertida en realidad aquella idea del Párroco de San José de fundar una cofradía de hombres hermanados en la devoción a la imagen del Cristo de la Misericordia, que iba a ser la segunda en el renacer de la Semana Santa granadina.

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Fotografía del acto fundacional (6 de mayo de 1924)

(Donación a la Cofradía de D. José Luis Correa en memoria de su padre D. Eugenio Martín Lopera)

     Hubo reuniones previas, tal vez en la sacristía de San José, en el Café Colón o incluso en el cuartillo donde cada cual aportaría su idea, no faltando las muy valiosas de los artistas, las de quienes han viajado y habían visto y sabían de otros sitios o de esos otros muy metidos en las cosas pías. No se sabe hasta qué punto la existencia en Sevilla de una cofradía cuya principal regla era el silencio, vendría a influir en la modalidad futura de la naciente Hermandad.
     Se redactaron los estatutos, posteriormente fueron aprobados por el Cardenal-Arzobispo de Granada Don Vicente Casanova y Marzol, como a su tiempo lo fueron también por el sumo pontífice y finalmente, el 6 de mayo de 1924 en el local del Circulo Católico de Obreros, sito en la Gran Vía de Colón, lindando con la iglesia del Sagrado Corazón, se reunió una Junta General fundacional de la Cofradía, eligiéndose su primera Junta de Gobierno y al primer hermano mayor D. José Domínguez Nieto. Aquella primera Junta de Gobierno estuvo compuesta:
     Mayordomo Mayor: D. Nicasio Montes Garzón
     Secretario: D. Ricardo Serrano.
     Tesorero: D. Cleofás Zubeldia Martín.
     Albacea: D. Carlos Rodríguez López-Neira.
     Vicesecretario: D. José Espinel Moral.
     Vicetesorero: D. Antonio Zubeldia Amador.
     Mayordomos: D.José María Casado Torreblanca, D.Manuel Garnelo, D.Antonio Ortega Molina, D.Severiano Benavides, D.José Bermúdez Pareja, D.Francisco Vergara Reyes, D.José E. Jiménez Jiménez, D.Francisco Martín Fernández, D.Antonio Rodríguez Garrido, D.Norberto Maciá, D. Luis Morales García-Goyena, D.José Benítez Gambin, D.José Jiménez Rodríguez, D.José Godoy Fonseca, D. Francisco Olmedo Villalobos, D.Enrique Hernández y D.Raimundo Domínguez.

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     Cabe señalar el curioso, hecho de haberse realizado el primer desfile procesional con anterioridad a la constitución oficial de la Cofradía, pues fue el desfile en abril y la constitución de la Cofradía en mayo, exponente ello del entusiasmo de aquellos fundadores, pues sin medios y sin fondos, ya contaron con dispositivo para poder procesionar la imagen del Cristo de la Misericordia, hábitos, bastones de mayordomos y cirios, material cuando menos imprescindible, para realizar la estación de penitencia, correctamente estudiada en el aspecto artístico, pues el cristo fue bajado desde San José a la iglesia de San Pedro, de la cual saldría para aprovechar el escenario de la Carrera del Darro, como luego se utilizó el pintoresco trayecto de la subida hasta la iglesia de San José por la Calderería y cuesta de San Gregorio.
     Entre las primeras medidas que adoptó la recién nombrada Junta de Gobierno estuvo la de encargar al hermano D. Manuel Garnelo, pintor y profesor de la escuela de Artes y Oficios, la realización del proyecto y posterior dirección de la reforma y ornamentación de la capilla donde se venera de antiguo la imagen del Cristo de la Misericordia. Por su brillante y desinteresada labor fue nombrado, luego, hermano honorífico.
     Al año siguiente, es decir 1925, se celebró por primera vez y en la iglesia de San José el solemne Quinario que ya tendría larga continuidad en todas las cuaresmas, y el jueves santo a las doce en punto de la noche hizo su salida por segunda vez, ya oficialmente, la procesión del Santísimo Cristo de la Misericordia. Previamente el día anterior, tuvo lugar el traslado de la sagrada imagen a la iglesia de San Pedro; este traslado a hombros de los propios Hermanos y con el Crucifijo tendido sobre unas angarillas, sentó un precedente y constituyó una peculiaridad más de la Semana Santa de Granada. En cuanto a la procesión, esta realizó su recorrido entre la oscuridad y el silencio ritual, con un orden y una religiosidad tal, por parte de los Hermanos que el propio cardenal tuvo frases de elogio y felicitó a la cofradía por ello.

Bibliografía:  “MISERERE”,  Historia de la Cofradía del Silencio.

Autor:  D. Julio Belza y Ruiz de la Fuente. Granada, 1990.