¡Bendito y Alabado sea por siempre el Santísimo Sacramento del Altar!

 

11. Hermandad

 

     «La celebración de la Eucaristía en el Sacrificio de la Misa es, verdaderamente, el origen y el fin del culto que se le tributa fuera de la Misa. Las sagradas especies se reservan después de la Misa, principalmente con el objeto de que los fieles que no pueden estar presentes en la Misa, especialmente los enfermos y los de avanzada edad, puedan unirse a Cristo y a su sacrificio, que se inmola en la Misa, por la Comunión sacramental». Además, esta reserva permite también la práctica de tributar adoración a este gran Sacramento, con el culto de latría, que se debe a Dios. Por lo tanto, es necesario que se promuevan vivamente aquellas formas de culto y adoración, no sólo privada sino también pública y comunitaria, instituidas o aprobadas por la misma Iglesia». (Cfr. Instrucción Redemptionis Sacramentum)
    Desde la fusión de nuestra Cofradía del Silencio con la Hermandad de Ánimas del Señor San José en 1987, nuestra corporación fraterna goza del incomparable rango y responsabilidad que comporta el título de Hermandad Sacramental que ya poseía la confraternidad del Santo Patriarca. Con ello, nuestro titular primero pasa a ser Dios mismo hecho carne en el Sacramento Salvífico de Su Cuerpo y de Su Sangre renovado incesantemente por la Iglesia en el Altar de la Cruz. Así pues, es nuestro cometido actual promover entre nuestros Hermanos todo acto de veneración del Santísimo Sacramento dentro y fuera de la celebración de la Eucaristía, para lo cual se desarrollan los siguientes actos:
  • Eucaristía de la Hermandad cada primer sábado de mes.
  • Acto mensual de Adoración Nocturna propia de la Cofradía.
  • Participación en los actos de los Jueves Eucarísticos de todas las Hermandades de Granada.
  • Participación en la celebración de las «24 horas para el Señor» promovida por el Papa Francisco desde el año 2014.
  • Participación en la Procesión Sacramental o «Corpus Chico» de San José en el Domingo de Infraoctava del Corpus.
     «El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del sacrificio Eucarístico». Por lo tanto, promuévase insistentemente la piedad hacia la santísima Eucaristía, tanto privada como pública, también fuera de la Misa, para que sea tributada por los fieles la adoración a Cristo, verdadera y realmente presente, que es «pontífice de los bienes futuros» y Redentor del universo. «Corresponde a los sagrados Pastores animar, también con el testimonio personal, el culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas». (Cfr. Instrucción Redemptionis Sacramentum)