El Santo del Silencio

 

Señor San José

Archivo Monasterio de la Encarnación (MM. Carmelitas AO)

     Llama el pueblo cristiano al Glorioso Patriarca San José como «Santo del Silencio», puesto que, pese a su presencia decisiva en la Historia de la Salvación como Padre Putativo de Nuestro Señor Jesucristo, no conocemos ni una sola palabra por él expresada; tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar de su amadísima Esposa y de su excepcional Hijo. José fue «santo» desde antes de los desposorios, un «escogido» de Dios que desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos del Señor. Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos de los Evangelios de Mateo y de Lucas, pese a lo cual la tradición ha afirmado otros carismas de nuestro santo, distintos de los evangélicos de protección de Jesús y María, que hablan de una historia de amor y devoción de más de dos milenios entre San José y la Iglesia de Cristo. Así, no sólo es el Santo Patriarca principal intercesor de la Iglesia ante Cristo y su Madre y modelo de castidad, sino que, por haber estado asistido por Ellos en el momento de su muerte, es venerado San José como Sagrado Protector de la Buena Muerte y de las Ánimas Benditas, razón por la cual es asimismo titular de la mayor parte de nuestros camposantos y de las ya casi desaparecidas hermandades de ánimas.
“Y tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra –que como tenía el nombre de padre, siendo ayo, le podía mandar–, así en el cielo hace cuanto le pide». (Santa Teresa, «Vida», Cap. 6)
     Desde el preciso instante en que los Reyes Católicos promulgaron la Bula de Erección de Templos Parroquiales para la entonces nueva Archidiócesis de Granada en 1501, la Ciudad de la Alhambra contó con la instauración de la devoción al Santo Patriarca en pleno corazón de la Alcazaba Cadima, sobre la que había sido la Mezquita de los Morabitos, una de las más importantes de la extinta Granada islámica. Poco más de una centuria más tarde, en 1628, nuestra Sede Canónica asistía a la fundación en ella de una hermandad de ánimas que se acogía, como no podía ser de otro modo, a la titularidad y protección del Señor San José, con la finalidad de promover los actos de oración por los difuntos, así como la recaudación de limosnas para ayudar a sufragar los sepelios de la feligresía. Será en el año 1987 cuando esta antiquísima corporación devota y la Cofradía del Cristo de la Misericordia se constituyan como una sola, de modo que el Glorioso Patriarca pasa a ser reconocido y venerado como tercer titular por los cofrades granadinos del Silencio. 
     Pese a que la Parroquial de San José cuenta con otra talla del Santo Patriarca (obra ejecutada por Felipe González en 1799) y que fue cotitular de la desaparecida Hermandad de la Sacra Familia, no es sino la que preside la Capilla Mayor aquella a que se acogen las plegarias de su hermandad y feligresía. Se trata de una extraordinaria talla en madera policromada, que don Manuel Gómez Moreno calificaba de «muy preciada», realizada hacia la década de los 60 del siglo XVIII por Torcuato Ruiz del Peral, dentro de los proyectos que circundaban la construcción de un nuevo retablo para el presbiterio. Con ella, su autor, como fiel continuador de la obra de los Mora, conduce a la iconografía josefina hacia su consolidación dentro de un naturalismo paternalista difícilmente superable. De este modo, San José deja de presentarse como un mero portador y custodio de Cristo Niño ante su pueblo, antes bien como un tierno padre que interactúa con el Hijo, compartiendo con Él un profundo diálogo de miradas. No es sino esa vocación protectora de lo que, siendo lo más importante, aún es ciertamente frágil, lo que conmueve a nuestra Hermandad ante su tercer titular y le hace confiarle segura la protección de sus jóvenes, como que son responsables de su continuidad en el tiempo. 
«Mirad a José como el modelo de educador, que preserva y acompaña a Jesús en su camino de crecimiento «en sabiduría, edad y gracia», como dice el Evangelio de Lucas (2.52). Y podemos intentar utilizar estas tres palabras – sabiduría, edad y gracia – como una pista para nuestra reflexión. Queridos hermanos y hermanas, la misión de San José es ciertamente única e irrepetible, por eso es tan singular. Y sin embargo, en su guardia Jesús debe ser enseñado a crecer en edad, sabiduría y gracia, es un modelo para cada educador, en particular de cada uno de los padres. Pongo bajo su protección a todos los padres, sacerdotes y aquellos que tienen un papel educativo en la Iglesia y en la sociedad. Gracias». (Papa Francisco. Audiencia General de 19 de marzo de 2014).

 

 

Gozos de San Jose 10