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DOMINGO DE RESURRECCIÓN: “VIO Y CREYÓ”

“Y al tercer día resucitó de entre los muertos”. ¿Te das cuenta como Dios no nos mintió en ningún momento?

            Si el pasado viernes todo lo veíamos oscuro. Si el pasado Viernes Santo las tinieblas no sólo se apoderaron del cielo de Jerusalén, sino que además nos robaron el corazón y el desánimo llegó a nuestra vida, hoy es el momento de vivir la ALEGRÍA, el GOZO, la plenitud. Es el momento de vivir el acontecimiento más importante que nos puede ocurrir a los cristianos: ¡LA RESURRECCIÓN DE CRISTO! La donación de la Vida. El poder disfrutar de la presencia de Dios en nuestra vida, en nuestro día a día. ¡EXULTEN LOS COROS DE LOS ÁNGELES! ¡TOQUEN LOS INSTRUMENTOS AL SON DE TROMPETAS! ¡JESÚS HA RESUCITADO!

            El Hijo del Hombre ha vencido a la muerte. Descendió a los infiernos y los ha superado. La muerte ya no tiene poder sobre nosotros. ¿Qué puede “amargarnos” la existencia? ¿Qué nos va a separar del AMOR de Dios? ¿No nos damos cuenta que el amor que Dios nos tiene es más fuerte que la propia muerte?

            Eso es vivir la Pascua. Vivir la Pascua es darse cuenta que el Señor no defrauda. Que Dios no nos abandona. Vivir la Pascua es reconocer que tenemos que pasar por muchos “viernes santos” en nuestra vida para poder resucitar, para salir y vivir en plenitud, para que nuestra vida sea un verdadero ejemplo de entrega, para que demos frutos y “los demos en abundancia”. Recordemos cada día estas palabras que expresan mejor que nunca lo que ahora estamos viviendo:“si el grano de trigo no cae a tierra y muere no da fruto”.

            Con tan gran acontecimiento como estamos viviendo, ante tal gran misterio ¿no nos resulta más llevadero el tormento de esta pandemia que estamos sufriendo? Es cierto que lo estamos pasando mal y las perspectivas no son muy halagüeñas. Es cierto que son momentos duros y difíciles a todos los niveles: falta de salud, de “libertad” estando confinados en casa, días de esfuerzo, de pérdidas irreparables, escasez económica… Es cierto. Pero ¿qué sentido tiene vivir la Resurrección de Cristo, vivir estos cincuenta días de Pascua si no confiamos, no nos creemos que Dios ha vencido al mal y nos da la fuerza necesaria para seguir cada día con ilusión?

            Se nos abre la puerta de la PASCUA. Cincuenta días de fiesta en los que vamos a vivir de nuevo el acontecimiento que da sentido a nuestra vida: la RESURRECCIÓN DE CRISTO. A partir de hoy no cabe en nuestra vida ni el desánimo ni la indignación o la resignación. No caben los reproches ni la tristeza. Dios, ese DIOS HECHO HOMBRE ESTÁ A NUESTRO LADO Y DE NUESTRO LADO. Nos ha demostrado una vez más que jamás nos abandona y que su poder trasciende todo lo imaginable.

            Hermanos, hermanas ¡CRISTO HA RESUCITADO Y NOSOTROS CON ÉL! ¡NO PUEDE HABER TRISTEZA CUANDO RESUCITA LA VIDA! ¿Estamos dispuestos a vivir la vida con esta certeza, convirtiéndonos en fieles testigos y testimonios de tan gran acontecimiento? 

            Recordad: ¡PODÉIS IR EN PAZ! ¡ALELUYA, ALELUYA!

Por Hilario Javier Barroso García

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