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Sábado Santo

El sábado Santo es el día que da nombre a nuestra hermandad “del silencio”. Comparto con ustedes una reflexión acerca de este día como día de silencio. El lenguaje es algo propio del ser humano, nos comunicamos por medio de él, pero el lenguaje a veces también nos traiciona porque nos hace crear imágenes de Dios falsas. Por lo tanto, el problema de la crisis de fe o de la Iglesia no está en Dios, sino en nuestras imágenes de Dios o lo que hemos dicho que era Dios. Lo hemos manipulado tanto, lo hemos desgajado tanto, que mucha gente se ha alejado. Si algo nuevo parece gestarse en el tiempo en que vivimos en occidente es que hay un anhelo de trascendencia, un anhelo de espiritualidad, un anhelo de interioridad, pero no necesariamente de religión, si por religión entendemos una palabra desgastada sobre Dios, una palabra repetida, manipulada. Por tanto, en la Iglesia, necesitamos silencio para regenerar nuestras palabras sobre el Misterio de Dios. Para que esas palabras sobre el Misterio abran a más Misterio, en lugar de cancelarlo, reducirlo o empobrecerlo.
Pretender que nuestras palabras sobre Dios son las que describen a Dios, es como pensar que las imágenes pintadas sobre Dios, son Dios. Pero son iconos. Es por esto que deben ser palabras abiertas, palabras puente, palabras flecha para lanzarse sobre ellas y taladrar y avanzar hacia lo infinito.
El peligro de la palabra religiosa es que sustituyamos nuestro lenguaje por nuestra experiencia de Dios, o que sustituyamos nuestro lenguaje por nuestro camino hacia Dios. Desde aquí, considero, que la crítica que se hace a la religión nos ayuda a despertar y a tomar conciencia de que necesitamos de las palabras mientras que las palabras no sustituyan aquello hacia donde apuna.

Dice el Maister Eckhart:

En medio del silencio me fue dicha una palabra secreta
¿Dónde está el silencio

y dónde el lugar donde esta palabra es pronunciada? Como he dicho más arriba:

en la parte más pura que el alma puede presentar, en su parte más noble, en su fondo, en resumen: en la “esencia” del alma.27

Para acoger verdaderamente la palabra (Cristo, el Logos, Jesús para los cristianos) pero también para acoger la palabra de lo real, la realidad como empalabrarse de Dios, la creación como palabra de Dios en el mundo, es preciso hacer el ejercicio de contemplar como la creación está sucediendo permanentemente, que lo real es la palabra de Dios desde el silencio engendrante que hace que esa palabra tome forma en el aquí y el ahora en cada uno de nosotros. Silenciarse es dejar que eso acontezca, que esto pueda ser aquí y ahora. Pero como somos seres frágiles necesitamos espacios de silencio para percibir el instante para que se transfigure lo real, así como vivía Jesús. Que este sábado Santo sea día de silencio para reconocer a Dios habitando en toda la realidad de nuestra vida.

Por José Castillo Tapia S.J.

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